
(Vídeo) El baile de la grulla divina
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En los humedales del norte de Japón, donde la niebla se aferra a los pantanos helados, la grulla de coronilla roja (Grus japonensis, tanchō) se mueve con una elegancia que trasciende el mero instinto. Su danza comienza con una profunda inclinación, un gesto de reverencia y devoción, seguido por un penetrante reclamo que resuena por todo el paisaje. A medida que se alzan sus voces en unísono, otras grullas se ven atraídas al ritual, respondiendo con sus propios reclamos aflautados.
Con súbita energía, saltan en el aire con las alas extendidas; sus patas apenas rozan el suelo en una coreografía sincronizada. No se trata de una demostración ordinaria, sino de un antiguo ritual de amor y fidelidad. El tanchō se aparea de por vida, y su baile de cortejo es una reafirmación de ese vínculo, realizado no una sola vez, sino a lo largo de los años, testamento de esa duradera conexión.
Esta especie, llevada una vez al borde de la extinción por un exceso de caza durante la era Meiji (1868-1912), se consideraba perdida hasta que se descubrieron de nuevo catorce grullas en 1924. Desde 1935 están protegidas como Monumento Natural Especial bajo la Ley de Protección de Propiedades Culturales de Japón. Un siglo más tarde, su población ha crecido hasta cerca de unos 1.800 ejemplares.
Para los ainu, este ritual posee un profundo significado espiritual. Creen que la grulla es un mensajero de Sarorun Kamuy, el dios de los humedales, y su danza imita los ritmos del mundo natural. En su Sarorun Rimse (“danza de la grulla”) ceremonial, los ainu reproducen los elegantes movimientos del ave, honrando así la fuerzas divinas que preservan la vida. La presencia de la grulla se considera una bendición, un símbolo de armonía entre la humanidad y la naturaleza.
La grulla se ha convertido, más allá de la mitología ainu, en un símbolo universal de longevidad, fidelidad y renovación en la cultura japonesa. Aparece en su folclore, en los kimonos nupciales y en las mil grullas de origami (senbazuru), que se crean para pedir salud y felicidad. El baile legendario del tanchō, heredado de generación en generación tanto por las propias grullas como por sus admiradores humanos, es más que un ritual de cortejo: es una expresión viva de devoción y unidad, y de la belleza eterna de la naturaleza.
Vídeo, fotografías y texto: Hans Sautter.
(Traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: grullas momentos antes de comenzar su danza de cortejo.)