
Tradiciones “cool”, modernidad y belleza tradicional
El musgo en la jardinería tradicional japonesa
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Aunque es un ser vivo pequeño que no destaca —de él no brotan flores de belleza singular—, en Japón se ha desarrollado toda una cultura en torno al musgo (koke). Desde hace más de mil años, se lo considera un elemento significativo muy ligado a la estética del wabisabi, una filosofía original del país. Su importancia como planta que transmite la cultura nacional es tal que forma parte de la letra del himno nipón.
En la actualidad, el musgo sigue teniendo una presencia destacada en el día a día del pueblo japonés: basta con pasear por alguna ciudad para ver bolas y terrarios de musgo. Además, las revistas especializadas en viajes incluyen tours en los que es posible contemplarlo en su hábitat natural. Si queremos darnos un homenaje, siempre podemos ir a algún restaurante de cocina japonesa con vistas a un jardín tradicional en el que haya musgo. De un tiempo a esta parte, ha aumentado, más si cabe, el interés por este ser vivo y existe incluso un término —koke gāaru, literalmente, chica del musgo— para referirse a las mujeres a quienes les gusta especialmente; hasta se celebra un concurso. Así pues, podría decirse que no hay ningún otro sitio del mundo en el que se le tenga tanto apego al musgo como elemento cultural. En este contexto, deberíamos preguntarnos a qué se debe que el musgo haya penetrado tanto en la cultura y la vida cotidiana de los japoneses.
Terrario con musgo y dos figuritas.
Bosque de Yakushima. Caminar por un entorno natural lleno de musgo es uno de los principales atractivos de las rutas de senderismo de esta isla.
Los jardines de musgo, ejemplo de la filosofía del wabisabi
Antes que nada, si reflexionamos sobre la relación entre el musgo y la cultura japonesa, debemos hablar sobre la abundancia de este ser vivo en Japón. El archipiélago nipón se sitúa en el Asia monzónica y registra precipitaciones copiosas; es, además, una de las zonas con más musgo de todo el mundo: hay más de 1.700 variedades repartidas por el territorio nacional. La familiaridad del pueblo japonés con esta planta hace que, desde tiempos antiguos, se le hayan conferido diferentes significados.
Por ejemplo, existe el verbo ‘kokemusu’ —literalmente, crecer el musgo—, que alude a la eternidad del tiempo y significa que algo ha quedado cubierto de musgo por completo tras un largo lapso. Asimismo, tenemos el vocablo ‘koke no koromo’ —literalmente, vestimenta de musgo—, con el que se denomina al atuendo humilde de los monjes budistas. Al parecer, su uso viene del parecido entre la sobriedad del musgo y el aspecto de los bonzos, cuya vida se rige por la pobreza y la honestidad. Por otra parte, el musgo está estrechamente ligado a la percepción que tienen los japoneses de la vida y la muerte: la expresión ‘koke no shita’ —literalmente, bajo el musgo— se utiliza para aludir a la vida después de la muerte. Se puede interpretar también que su significado está relacionado con la eternidad del tiempo si se tiene en cuenta que la muerte es el destino final tras una larga vida. Si hablamos de la asociación de ideas entre la flora y la muerte en Japón, encontraremos muchos ejemplos con los cerezos. Esto se debe a que se trata de unos árboles que florecen rápidamente, y cuyas flores también se caen con rapidez, un fenómeno similar a la percepción que tenían los samuráis de la vida y la muerte; según su visión, esta última ha de ser heroica. Resulta muy interesante examinar la conexión que existe entre cómo ven los japoneses la vida y la muerte y estas dos plantas antagónicas: la pomposidad de los cerezos frente a la sobriedad del musgo.
Musgo y flores de cerezo. Ambos guardan una estrecha relación con la cultura japonesa.
Como hemos visto, los japoneses le otorgan diversos significados al musgo. No obstante, en la actualidad, el concepto con el que están más familiarizados sea quizás el de la belleza y la elegancia tradicionales. En este sentido, conviene hacer un repaso a los cambios que ha experimentado la estética japonesa con el paso del tiempo. En el período Heian, imperaba la cultura refinada de los nobles, que disfrutaban contemplando las flores de árboles como el cerezo y el albaricoquero japonés, así como los colores otoñales del arce. En la Edad Media, la influencia del zen y la ceremonia del té, entre otros, hace que el foco de atención, en lo que a la belleza se refiere, se traslade de lo pomposo y lo elegante a lo sobrio y lo sencillo; con ello nace el wabisabi, un sentido de la estética que se ve reflejado sin igual en el musgo. Esta planta, de la que no brotan flores y que crece en silencio, tiene un verdor cristalino que casa a la perfección con esa filosofía. Hasta entonces, el musgo siempre había figurado en un segundo plano, pero es ahí cuando empieza a brillar con luz propia, sobre todo en los jardines tradicionales, que encarnan el refinamiento nipón. El musgo se ha acabado convirtiendo en un elemento indispensable en ellos.
Jardín tradicional del templo Eigen (Shiga), todo un ejemplo de la filosofía del wabisabi.
Jardín tradicional del Museo de Arte Casa Nakano (Niigata). El uso del musgo en la jardinería es un elemento característico de la cultura japonesa.
Se cree que los jardines tradicionales existen desde el período Asuka. Sin embargo, todo parece indicar que el musgo no se plantaba expresamente. Así, no había musgo en el templo Saihō, también conocido como Koke-dera (templo del musgo), en el período Muromachi, época en la que se construyó. A día de hoy, este recinto budista es conocido en todo el mundo precisamente por estar cubierto de un musgo precioso.
Jardín japonés del templo Saihō o Koke-dera (Kioto), Patrimonio de la Humanidad.
No obstante, conviene señalar que las tendencias relacionadas con los jardines también fueron cambiando conforme iba madurando la estética del wabisabi y, con ello, se descubrió la belleza propia de los paisajes musgosos. A día de hoy, los preciosos jardines tradicionales cubiertos de musgo son de diversos tipos y tienen su propia denominación —kokeniwa—: los hay de moqueta (jūtan), o sea, cubiertos de musgo en su totalidad; naturales (shizen hyōgen, literalmente, de manifestación natural), que, como su propio nombre indica, se caracterizan por que el musgo crece de forma natural; y estampados (moyō), esto es, con diseños geométricos. Se trata de un mundo complejo.
Jardín de musgo del templo Sanzen’in Monzeki (Kioto). El musgo cubre completamente el jardín y, por lo tanto, es del tipo moqueta.
Jardín de musgo del templo Ryōtan (Shiga). Es un jardín del tipo natural en el que el musgo representa una isla y las piedras, montañas.
Jardín del templo Tōfuku (Kioto). Las piedras y el musgo evocan, de forma impresionante, los escaques de un tablero de damas o ajedrez. Se trata, pues, de un jardín del tipo estampado.