La mujer en el Japón actual

Un original impulso a la participación de las mujeres en la política

Política Sociedad

70 años después del reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres japonesas, su presencia en el legislativo nacional sigue siendo muy modesta. Ahora un grupo de ellas se está movilizando a través de las redes sociales en un movimiento que ha sido comparado al sufragista.

70 años con pocos avances en la presencia femenina en la Dieta

Los setenta años de la derrota japonesa en la Guerra del Pacífico (1945) son también los setenta años del reconocimiento del derecho de la mujer japonesa a participar en la política nacional, al menos por lo que respecta a la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento). El 10 de abril de 1946 se celebraron las primeras elecciones a esta cámara tras la guerra, fruto de las cuales 39 de los 466 escaños (11,9 %) recayeron en mujeres. El 3 de noviembre, tras ser debatida en una sesión especial de la (entonces) Dieta Imperial convocada el 16 de mayo, se promulgó la nueva Constitución de Japón, que entraría en vigor el 3 de mayo de 1947. Aquellas primeras parlamentarias de la posguerra tuvieron su parte en la aprobación de una nueva carta magna que decretaba la igualdad de derechos entre los sexos.

Decíamos que han pasado 70 años desde entonces. A fecha de hoy (agosto 2015) de los 475 parlamentarios que forman la Cámara Baja, 45 son mujeres (10,5 %). El sistema electoral ha sufrido modificaciones y no es posible hacer una comparación directa con la situación que se daba hace 69 años, pero si nos fijamos solo en el número de parlamentarias y en la proporción que representan, no se aprecia ningún avance. ¿Puede decirse que la participación de las mujeres en la política japonesa, en términos generales, tampoco ha experimentado avances?

Hartazgo ante un escenario político dominado por los hombres

Septiembre de 2012. Día tras día, las cadenas de televisión y el resto de los medios de comunicación servían imágenes e informes de las elecciones internas que realizaban simultáneamente el Partido Democrático de Japón, a la sazón en el poder, y la que era entonces principal fuerza de la oposición, el Partido Liberal Democrático. Los candidatos a liderar ambas fuerzas eran todos hombres. Paralelamente, en Osaka la Asociación de la Restauración de Osaka, partido liderado por Hashimoto Tōru, había hecho público el programa “Ocho medidas para la restauración” con el que se aprestaba a presentarse a las elecciones generales bajo el nuevo nombre de Partido de la Restauración de Japón. También en este caso eran hombres todo lo que veíamos.

Al mismo tiempo se empezaban a airear los problemas diplomáticos con China y Taiwán en torno a las islas Senkaku. Todos los comentaristas que hacían oír su voz en la televisión eran hombres, lo mismo que los expertos cuyas columnas leíamos en los periódicos. Hombres, hombres y más hombres era el anodino paisaje que se abría cuando una se aproximaba a la política, a la economía o a la diplomacia.

Tipos ataviados con trajes de tonos oscuros (marrón gorrión, gris paloma, negro cuervo), profiriendo varoniles gritos, insultándose mutuamente, fijando el nuevo enemigo hipotético al que atacar, para acabar ensañándose siempre con los más débiles.

Acabé soltando más de un improperio ante este triste espectáculo que ofrecían los medios. Hombres por aquí, hombres por allá y por acullá. Harta y desengañada, eché mano de las redes sociales, de Facebook, para descargar un poco de bilis: “Hablan de acabar con los intereses creados, de esto, de lo otro, pero esto es una batalla de hombres contra hombres. Una política de los hombres, por los hombres y para los hombres, un teatro político que ellos mismos se montan, estoy harta, estoy hasta el gorro de esto. A ver, ¿montaré mi propio partido de las obachan [mujeres] (risas)”.

A estas bromas respondieron sobre todo mis amigas, dándome su asentimiento. “¡Venga, pues!”, “¡tienes toda la razón!”, “¡es que es verdad!”, decían. La cosa empezó a ponerse interesante, así que ese mismo día lancé por Facebook el All Japan Obachan Party (AJOP). Tener identidad sexual femenina era la única condición para pertenecer al grupo. Hoy tengo ya más de 5.000 “afiliadas” de diversas nacionalidades, pues contactan conmigo desde todos los rincones del mundo.

Dejarlo todo en manos de los hombres, el pecado de las mujeres

El AJOP aspira a elevar el nivel de las obachan y tirarles algunas pullas a los ossan (hombres de edad), poniendo un toque de agudeza y de humor en su política.

Con la palabra ossan me refiero aquí a ese tipo de hombre autosuficiente, que te mira desde arriba, a esos fulanos prepotentes que ni siquiera te escuchan. Hombres que, por decirlo de algún modo, son incapaces de decir “perdón”, “gracias” o “enhorabuena”. En el dialecto de Osaka los llamamos ossan, y los distinguimos de los hombres más “legales”, que serían occhan. Por cierto, entre las mujeres no todas son obachan: también tenemos una versión femenina de los ossan y a sus representantes las llamamos obahan.

Si queremos elevar nuestro nivel, el de las obachan, hay que empezar por enmendarse una misma. Hasta ahora había entre nosotras una tendencia a pensar que cosas tan complicadas como la política quedaban fuera de nuestro alcance, que era mejor dejar las cosas difíciles a nuestros maridos y que la sociedad no iba a dejar de moverse porque nosotras no hubiéramos entendido algo. Que las mujeres tengamos tan poca representación en la Dieta no es solo responsabilidad de los ossan, nosotras también hemos contribuido a eso, confiándoselo todo a los hombres y apartándonos de la política.

Las mujeres estaban deseando participar

Pero tampoco puede decirse que hayamos renunciado expresamente a hacer política ni que nunca hayamos participado en ella. Es un hecho indudable que siempre han tratado de quitarnos de en medio, diciéndonos que las mujeres no tenemos por qué saber de estas cosas “tan difíciles”. En el “corro” que hemos creado en Facebook se vierten muchas opiniones. Pondré algunos ejemplos.

Si hablas de política en seguida te toman por rara, así que no podemos hablar de esas cosas entre vecinas. / Si en las reuniones del Consejo del Barrio una mujer dice lo que piensa, luego se le cae el pelo. / Los mensajes que llegan al foro del partido de las obachan los leo con fruición, desde el móvil y por la noche, cuando todos duermen. A veces me amanece leyéndolos. / Es la primera vez que digo lo que pienso con mis propias palabras. Hay muchas cosas de las que no me había dado cuenta.

Estos testimonios me produjeron un fuerte impacto. Las mujeres japonesas estaban deseando participar en la política. Sentí vergüenza de estar enseñando en la universidad los derechos de las mujeres y no haber sabido captar antes este hecho.

Abordar la política con humor y agudeza no es tan fácil

Nos han excluido, pero ya no vamos a quedarnos de brazos cruzados. Nuestra única opción es meternos de lleno en la política de los tíos. Es un hecho realmente anómalo que solo el 9,5 % de los escaños de las dos cámaras de la Dieta estén en manos de mujeres, pero sorprende comprobar cuánta gente sigue sin enterarse de la anomalía. ¿No resultaría de lo más inquietante si fuera al revés, si fueran las mujeres quienes ocuparan el 90,5 % de los escaños y los hombres el restante 9,5 %? Empezar por darse cuenta de esto y coger el toro por los cuernos, y luego tirarles algunas pullas con agudeza y humor. Así es como pretendo ir subiendo el nivel de las obachan.

Cuando el asunto es complicado, para tirar pullas que sean agudas y que tengan gracia se requiere una técnica muy refinada. No hay que rebajarse al nivel de estos ossan, cayendo en la simple queja, en la maledicencia o en la murmuración. Si conseguimos denunciar con una frase aguda la necedad de unas declaraciones o de un comportamiento, conseguiremos también que muchas obachan se den cuenta de la necedad de la sociedad en que vivimos.

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