
La cortesía tradicional de Japón
Cómo asistir a un funeral: la ropa, el incienso, las palabras a evitar
Guíade Japón
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El funeral budista, 90 % del total: costumbres heredadas del periodo Edo
Pocos japoneses son, hoy día, conscientes de sus propias creencias religiosas, pero los funerales son otra historia. Alrededor del 90 % de los funerales en Japón siguen un ritual budista, y aunque existen diferencias en la recitación de sutras y otros rituales dependiendo de la secta religiosa y la región, el proceso que sigue la ceremonia en sí suele ser el mismo. Tras honrar al difunto recitando sutras y quemando incienso, se incinera su cuerpo, se envía su alma al cielo y se entierran los restos en un cementerio. También se celebran ceremonias sintoístas y cristianas, así como funerales libres sin ritos religiosos, pero en conjunto estos representan solo cerca del 10 % del total.
Hasta principios del periodo Edo (1603-1868) los funerales eran ritos privados realizados por familiares y miembros de la comunidad en el domicilio del difunto. Los templos se comenzaron a involucrar en los ritos funerarios tras el desarrollo del sistema de registro por templo, similar al actual registro familiar. Cuando nacía alguien se le inscribía en los libros del templo local, y pasaba toda su vida como parte de ese danka (miembro registrado en el templo); al morir recibía un kaimyō (un nombre póstumo, también conocido como hōmyō o hōgō), señal de que había entrado en el mundo de Buda.
El kaimyō lo otorga un sacerdote basándose en la historia y el carácter del difunto; ese nombre se graba en la lápida o en el inai, la tablilla funeraria, que se puede ver en el centro de la foto, arriba. (Pixta)
Aunque la influencia del budismo se debilitó tras el movimiento de abolición de esta religión a principios de la era Meiji (1868-1912), se mantuvo la práctica de que los templos realizaran los ritos funerarios. En la posguerra creció el número de personas que se servían del templo solo para los funerales y servicios conmemorativos, y la práctica se convirtió en una formalidad, conocida como “budismo funerario”. Esta forma es única en el mundo y posee una gran originalidad en sus usos y costumbres. Como la noticia de un fallecimiento suele ser algo repentino, es importante conocer el desarrollo general de los acontecimientos y la etiqueta mínima a obedecer.
Desde la muerte hasta la cremación, unos tres días
Cuando una persona fallece, es incinerada tras una ceremonia funeraria que consta de tres partes: velatorio, servicio funerario y despedida. El proceso de cremación suele ser corto, de unos tres días, para evitar que el cuerpo se deteriore. En muchos casos, sin embargo, el funeral tarda más tiempo en poder celebrarse debido a las largas listas de espera en los crematorios. Además la mayoría de los crematorios, que siguen el antiguo sistema de calendario de seis días de augurio, originario de China, cierran el tomobiki (el segundo día) porque se cree que “atrae a los amigos (tomo) a la muerte”.
El velatorio, celebrado el día anterior a la cremación, era originalmente una ceremonia en la que los familiares pasaban su última noche encendiendo incienso por turnos para evitar que los malos espíritus se apegaran al difunto. A finales del periodo Shōwa (1926-1989), cuando el funeral se trasladó de los hogares a las funerarias, se hizo común celebrar medio velatorio dividiendo las horas. Al final de la noche, los parientes se reúnen para rezar por el alma del difunto en el servicio funerario, durante la ceremonia de despedida los parientes dicen su último adiós al difunto, y finalmente los parientes más cercanos se encargan del ataúd.
Cuando llega un aviso de funeral lo habitual es asistir al velatorio o a la ceremonia de despedida. En caso de tener una relación estrecha con el fallecido el invitado puede asistir a ambas, o dirigirse a la familia antes del velatorio para expresar sus condolencias.
Tras la ceremonia de despedida, la familia se dirige al crematorio. (Pixta)
En los funerales budistas se celebra una ceremonia conmemorativa cada siete días hasta el día 49 de la nueva vida del difunto en el más allá. El juicio del rey Enma, el señor del mundo de los fallecidos, se lleva a cabo en ciclos de siete días, por lo que la familia protege al difunto durante ese tiempo para que pueda viajar al reino celestial el día 49, el del juicio. Hoy en día el servicio conmemorativo de los primeros siete días suele celebrarse el día del funeral.
Si no hay más remedio que faltar a un funeral se debe enviar un telegrama de condolencia o ponerse en contacto con la familia para transmitir el pésame. En ese caso lo mejor es dar el pésame visitándola antes del día 49, fecha en la que se entregarán los huesos del difunto a su descanso final.
Ropa de acuerdo con el momento, el lugar y la ocasión
La ropa de luto en un velatorio es tabú, ya que da la impresión de que uno se estaba “esperando y preparando para esa muerte”; se considera correcto acudir vestido de civil. Pero lo cierto es que muchos asistentes al velatorio llevan ropa de luto. En caso de acudir después del trabajo, un traje de negocios y una corbata negra son correctos, pero es preferible ponerse un traje de color oscuro y una camisa blanca. Es importante tener en cuenta que la ropa llamativa es inadecuada, así como los accesorios con estampados de animales y las pieles.
Para la ceremonia de despedida se utiliza ropa de luto, pero por regla general el atuendo cambia en función de la relación con el fallecido. Los familiares llevan ropa formal, como un chaqué, mientras que para un invitado normal basta con ropa semiformal de color negro, y para los más jóvenes ropa formal abreviada, como un traje oscuro. Para las mujeres, los trajes de negocios o trajes de pantalón se consideran ropa formal abreviada. En la actualidad, sin embargo, no son pocos los familiares que también llevan ropa formal abreviada.
Negro como color base, incluidas corbatas y medias. (Pixta)
Gorei-zen, la forma más segura de dedicar una ofrenda de incienso
Aunque se acuda al funeral en solitario no se debe olvidar la ofrenda de incienso. Se trata de un dinero dedicado, en principio, para pagar el incienso de la ceremonia, pero en realidad se trata de un gesto de simpatía hacia la familia afligida.
El incienso se entrega en la recepción, tras firmar en el libro de visitas. (Pixta)
Los sobres para este fin pueden comprarse en papelerías y tiendas de veinticuatro horas, pero a veces es confuso considerar qué escribir en la parte delantera del sobre. El nombre o dedicatoria pueden variar en función de la confesión religiosa –Gokōden o Gobutsu-zen, o incluso en raras ocasiones podemos ver palabras como Otamagushi-ryō en el sintoísmo, o Ohana-ryō entre los cristiano, pero Gorei-zen sirve para todo. En el caso de las condolencias después del día 49, cuando el difunto ha pasado de su espíritu al reino de Buda, se utiliza el término Gobutsu-zen.
La cantidad es de 5.000 yenes si no se es un familiar del difunto. Deben evitarse los billetes sin usar (el dinero nuevo), ya que dan la impresión de haber sido “preparados para la desgracia”, y si se usan, deben doblarse previamente. También es costumbre poner los billetes al revés; es decir, con el lado del retrato opuesto al anverso, pero en la práctica es probable que al destinatario no le importe ese detalle.
El nombre se escribe en tinta clara con un pincel, en la parte inferior del anverso. (Pixta)
Al pensar en funerales son muchos los que traen a la mente la imagen del rosario. En rigor, cada secta tiene sus propios diseños y formas diferentes de sujetar estos implementos. No son algo imprescindible, por lo que no es necesario salir corriendo a comprarlos.
Si el invitado se encuentra con la familia en el lugar de celebración debe expresar sus condolencias con la fórmula Kono tabi wa makoto ni goshūshōsama de gozaimasu (“siento mucho su pérdida”). Debe procurar no utilizar palabras repetidas, como masu masu (“cada vez más”) o kure gure mo (“por favor”), ya que se considera que agravan la desgracia. Debe también abstenerse de utilizar expresiones directas como shinda (“murió”). No debe hablar demasiado, ya que la familia en duelo está muy ocupada; una breve explicación será suficiente: “Me ha sorprendido este fallecimiento tan repentino. Lamento mucho su pérdida, ya que le estuve muy agradecido por su amabilidad en vida”.
Aunque no conozca a la familia, todos llevan una insignia de luto como referencia. (Pixta)
Una ceremonia para despedir al difunto y consolar a la familia
En una ceremonia de velatorio o despedida, un sacerdote lee un sutra determinado ante un retrato del difunto, y los asistentes queman incienso por turnos. El ritual purifica el cuerpo y el alma del difunto con ese incienso, y se reza por el descanso de su alma.
El incensario se coloca delante del retrato o del cuerpo del difunto. (Pixta)
El gesto de llevar el incienso hasta las cejas se denomina oshiidaku, y es una señal de respeto. El número de veces que se debe prensar el incienso y otras normas de etiqueta difieren de una secta religiosa a otra, por lo que lo mejor es seguir las instrucciones del sacerdote o del primer doliente que queme el incienso.
Procedimiento para ofrecer incienso
- Cuando le llegue el turno, póngase de pie, haga una reverencia a la familia y a los sacerdotes, y diríjase al incensario para inclinarse ante la imagen del difunto.
- Pellizque el incienso con los dedos pulgar, índice y corazón de la mano derecha (1).
- Mientras lo recibe con la palma de la mano izquierda hacia abajo, elévelo a la altura de los ojos y, sin mover la mano, baje la cabeza e insufle sentimiento en el incienso (2).
- Deje caer el incienso en el incensario (3) y junte las manos en oración (4).
- Retroceda, inclínese de nuevo ante la familia y vuelva a su asiento.
Si no se puede quemar incienso al estilo budista por motivos religiosos se debe consultar con los dolientes a través de las personas de la recepción. Si se deja en libertad al invitado para despedir al difunto como crea, este debe rezar de todo corazón por el descanso del alma del difunto de acuerdo con sus creencias religiosas.
Tras quemar el incienso, los dolientes pueden agasajar a los invitados de honor a una comida denominada okiyome. El propósito de la misma es honrar al difunto con una última cena, por lo que es de buena educación tomar aunque solo sea un bocado de la comida, y en ningún caso rechazarla. Es aconsejable abstenerse de hablar de temas ajenos al difunto, quedarse demasiado tiempo o emborracharse.
Aunque es normal que después del velatorio se prepare una comida, actualmente hay casos en que se hace después de la ceremonia de despedida. (Pixta)
Después del funeral, y en caso de ausencia
Los asistentes abandonan el lugar de la ceremonia de despedida tras quemar el incienso, pero se les entrega una bolsa de sal al salir. La sal es un antiguo instrumento de purificación que se rocía sobre el cuerpo a la entrada para evitar que se introduzcan impurezas en la casa. A veces, también se entrega un pequeño recuerdo junto como “regalo funerario”.
Es habitual regalar artículos de confitería, productos secos y consumibles: se trata de productos perecederos, que “no dejan desgracias”. (Pixta)
Aunque más adelante el invitado reciba un buen regalo a cambio de su ofrenda de incienso, la respuesta nunca debe ser de gratitud; debe decir kyōshuku desu (“es muy amable”), haciendo hincapié sobre todo en la expresión de compasión. Sin embargo, teniendo en cuenta la carga que supone la situación para la familia en duelo, es aconsejable añadir una nota a la ofrenda donde se diga por adelantado que no se requiere un regalo a cambio.
En algunos casos la gente se entera del fallecimiento de un conocido a través de una postal de luto de fin de año. Existe la costumbre de no enviar postales de Año Nuevo a las familias de luto, pero no se trata de algo oficial. Las propias postales de luto pretenden transmitir el mensaje de que la familia evita las celebraciones en señal de duelo por el fallecido, y se abstendrá de enviar felicitaciones de Año Nuevo. En lugar de postales de Año Nuevo se pueden enviar palabras de aliento en forma de una misiva de ánimo en Año Nuevo, o una postal para animar durante la época de más frío.
Cada vez son más las familias que tienen parientes lejos de casa, y los funerales, celebraciones muy caras y cargadas de trabajo, se van reduciendo. Tras la pandemia del coronavirus también han aumentado los funerales familiares en los que solo participan los parientes más cercanos. Si valoramos la esencia original del funeral, la “atención emocional a los deudos”, la formalidad puede pasar a tener una importancia más bien secundaria.
Supervisión: Shibazaki Naoto.
Profesor asociado de la Escuela de Graduados de la Universidad de Gifu. Especializado en investigaciones sobre sistemas educativos de etiqueta desde una perspectiva psicológica; trabaja también por brindar orientación a educadores de etiqueta. Participa en la formación de instructores como maestro general de etiqueta Ogasawara-ryū.
Texto: comité editorial de nippon.com.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Pixta.)