Fragatas Mogami de alta furtividad y tripulación reducida, la nueva carta de Japón
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Adoptadas por la Armada Real Australiana
“La defensa de Japón, hasta ahora, se asentaba en un 95 % sobre su propio esfuerzo y sobre su alianza con Estados Unidos. Ante la actual incertidumbre sobre el grado de compromiso de Washington con esta alianza, debemos redoblar nuestros esfuerzos y al mismo tiempo otorgar un mayor peso relativo a la cooperación con otros países que también son aliados”. En estos términos se expresaba, al finalizar el anterior año fiscal, un alto funcionario de Defensa del Gobierno encabezado por Takaichi Sanae. Es evidente que la cooperación con otros países está cobrando una gran importancia.
En la cooperación japonesa con estos aliados, tienen un importante papel las nuevas fragatas de la serie FFM. Destacan por su gran versatilidad, lo reducido de su tripulación, su furtividad y por la forma en que interactúan con la marina de Estados Unidos. Su coste es relativamente bajo. En agosto de 2025, estas nuevas FFM, que son una versión avanzada de la clase Mogami, fueron elegidas como nuevas fragatas polivalentes para la marina australiana, desbancando a sus competidoras de Alemania, Corea del Sur, España y otros países. Esta operación ha despertado gran interés tanto en Japón como en el extranjero, ya que era la primera vez en que se exportaban materiales militares con capacidades letales desde que se flexibilizaron los tres principios que rigen la política japonesa sobre transferencia de armas.

El buque escolta de la Fuerza Marítima de Autodefensa Mogami (FFM-1). (Cortesía de la Fuerza Marítima de Autodefensa)

El buque escolta Yūbetsu (FFM-8). (Cortesía de la Fuerza Marítima de Autodefensa)
La importancia de la serie de buques FFM no reside únicamente en sus prestaciones, ni en haberse convertido en el símbolo de la nueva dirección que se le ha imprimido a la política industrial de defensa de Japón. Si abarcamos con la mirada todo el proceso, desde su desarrollo hasta su entrada en servicio, pasando por su adquisición, comprenderemos hasta qué punto esta serie está íntimamente vinculada a la cooperación de Japón con sus países aliados. Son buques que van a tener un importante papel en los planes japoneses para ampliar la cooperación en defensa con los países aliados, mientras trata de fortalecer sus propias capacidades dentro de sus limitados recursos.
Un desarrollo iniciado para responder a la “zona gris”
Para comprender cómo son las fragatas de esta serie hay que partir de las circunstancias que llevaron a su creación. El modelo original es el Mogami, que fue concebido en el marco de la estrategia nacional de defensa de 2013, que prestaba especial atención a cómo responder a situaciones de seguridad nacional indefinidas (zona gris). En aquellos años, preocupaban cuestiones como la piratería o la expansión marítima de China y el Gobierno japonés había emitido directrices sobre vigilancia continua desde tiempos de paz, con diversos entrenamientos y ejercicios militares como métodos disuasorios. Para ello, Japón necesitaba un mayor nivel de actividad en sus buques escolta, pero la Fuerza Marítima de Autodefensa ni siquiera tenía el número de buques necesario para cumplir con sus cometidos habituales. Se decidió entonces reducir el número de buques antiminas (dragaminas y cazaminas), poco aptos para estos nuevos cometidos, y aumentar el de buques escolta, dotándolos de capacidades antiminas. Así nació el Mogami, muy apto para cometidos habituales y que permite, además, reducir costes.
Sin embargo, la nueva estrategia nacional de defensa de 2018, año anterior al fijado para dar inicio a la construcción del Mogami, supuso un importante giro, pues, sin descuidar esa “zona gris”, ponía el peso en el desarrollo de capacidades defensivas más decididamente enfocadas a los conflictos de alta intensidad. La tendencia recibió un nuevo impulso de la revisión de los tres documentos de la estrategia de defensa nacional de 2022. De esta forma, de los buques de la serie FFM se esperaba que, además de desempeñar sus cometidos habituales, estuvieran capacitados para hacer frente a conflictos de alta intensidad. Para hacer esto realidad, se emitieron nuevas directrices de forma que las 22 unidades de Mogami previamente planificadas quedasen reducidas a 12, y desde 2023 se adquirieran otras 12 unidades de la nueva serie FFM.
Un nuevo sistema de adquisición para un nuevo modelo
Como vemos, la serie FFM nació de necesidades surgidas en la política de defensa, pero su magnífico diseño le debe mucho a la experiencia acumulada por Japón a lo largo de su cooperación con sus aliados. El Mogami fue el primer buque escolta que se introdujo mediante el método de selección por propuestas. Aunque hubo otros factores, este método se inspiró principalmente en la experiencia de haber intentado exportar submarinos de la clase Sōryū a Australia. En 2015 Japón participó en el concurso internacional convocado por Australia para escoger sus nuevos submarinos y en esa ocasión, a fin de estimular la creatividad de los ofertantes, Australia adoptó el método de no informar sobre las especificaciones requeridas y exigir que, además de los planos del diseño, aportasen también propuestas sobre el régimen de fabricación de las naves, en cuestiones como gestión del programa o construcción en el país. Es un método de adquisición muy similar al método de propuestas de proyecto introducido posteriormente por el Ministerio de Defensa de Japón. En aquella ocasión Japón fue derrotado, pero la experiencia permitió a este ministerio tomar conciencia de la efectividad del método, que fue el utilizado tanto en el caso del Mogami como en el de la nueva serie FFM.
A no ser por este método, quizás la serie FFM nunca habría alcanzado la alta valoración de la que goza hoy en día. Hasta entonces, en las licitaciones de construcción de buques escolta, los astilleros ofertantes competían por el mejor precio una vez que el Ministerio había fijado las prestaciones requeridas y el diseño básico, lo cual dejaba muy poco margen para que los ofertantes reflejasen en sus propuestas sus tecnologías propias y soluciones de diseño más ingeniosas. Esto cambió con la introducción del nuevo método, que incentivó la presentación de propuestas cada vez mejores.
Mitsubishi Heavy Industries, principal impulsora del desarrollo de la serie FFM, introdujo en el modelo, entre otras cosas, la tecnología de radar y el diseño de furtividad (baja observabilidad) que venía cultivando en el campo de la aeronáutica, además de la tecnología de integración de sistemas que había venido usando en el desarrollo de cohetes espaciales. También ha sido fruto de esta creatividad la tecnología de automatización que sostiene el ahorro o racionalización de personal o los centros de información de combate dispuestos en círculo.
La experiencia obtenida de esta forma durante el fallido intento por vender submarinos a Australia cambió en Japón la forma de aprovisionarse de buques escolta, lo cual a su vez propició el nacimiento de la clase Mogami. Y la nueva serie FFM ha permitido en esta ocasión esta venta de equipamiento militar a Australia.
Colaboración entre aliados que permite optimización de personal
La serie FFM está teniendo un importante papel en el mantenimiento de la cooperación con países aliados, dentro de las limitaciones de recursos navales y humanos que sufre la Fuerza Marítima de Autodefensa.
En tiempos de paz, se espera de la Fuerza Marítima de Autodefensa básicamente dos cosas. En primer lugar, continuas operaciones de vigilancia y reconocimiento, ejerciendo la disuasión cuando se den situaciones de conflicto o de “zona gris”, mediante entrenamientos conjuntos y actividades de presencia. En segundo lugar, estar siempre preparada ante la eventualidad, relativamente poco probable, de que surja un conflicto de alta intensidad de los que, una vez estallados, podrían tener consecuencias catastróficas. Dentro de sus limitaciones presupuestarias, de personal, navales y de disponibilidad de tiempo, se espera de la Fuerza Marítima de Autodefensa que atienda simultáneamente ambos frentes.
Sin embargo, los entrenamientos y actividades de presencia conjunta con los países aliados suponen una carga considerable. Entre los entrenamientos que se realizan en las zonas indopacífica y australiana, algunos años se exigen periodos de envío de buques escolta superiores al medio año. Durante estos periodos, ni los buques ni el personal enviado pueden realizar otras funciones. Por esta razón, los recursos que pueden utilizarse en los entrenamientos y ejercicios de adiestramiento para conflictos de alta intensidad son bastante limitados.
La serie FFM está haciendo una contribución muy importante para mitigar ese efecto trade-off. Gracias a su gran autonomía de desplazamiento, posibilita despliegues muy prolongados en el extranjero sin depender de otros buques de repostaje o aprovisionamiento. Además, como estos buques pueden operarse con una tripulación muy reducida, facilitan las cosas también desde el punto de vista del personal, un aspecto en el que la Fuerza Marítima de Autodefensa no anda sobrada.
Por otra parte, disponer de un cierto número de buques del mismo modelo significa una mayor eficiencia en muchos otros campos, como la formación de personal, los aprovisionamientos y los equipamientos.
Si se consigue que los buques de la serie FFM asuman estas misiones, otros buques de altas prestaciones, como los que montan el sistema Aegis, podrán concentrarse más en los entrenamientos y ejercicios más propiamente orientados a la defensa de Japón. Además, el hecho de que, al proceder a la reorganización de unidades en la Fuerza Marítima de Autodefensa, los buques Mogami hayan sido asignados a los grupos de defensa y patrullaje junto a las lanchas misilísticas y patrulleras, en vez de integrarse en grupos de combate de superficie centrados en buques de altas prestaciones, es un reflejo de esta división de funciones que se ha hecho.
De no disponer de esta serie FFM, la Fuerza Marítima de Autodefensa se habría visto obligada a hacer sacrificios mucho mayores para atender a un mismo tiempo la cooperación con los países aliados y la previsión de conflictos de alta intensidad. Aunque sigue habiendo retos, como la mayor carga que debe soportar cada miembro de la tripulación debido a lo reducido de esta, la serie FFM desempeña un papel fundamental ya que permite distribuir con eficiencia recursos navales y humanos muy limitados, conciliando la cooperación con aliados en tiempos de paz y la prevención de conflictos.
Aliados con armadas más poderosas
Además de su importante papel en Japón, la serie FFM tiene la potencialidad de aliviar también las carencias estructurales de las armadas de los países aliados. La Marina Real Australiana, que tiene previsto adquirir 11 unidades, se enfrenta a dos importantes desafíos.
Por una parte, debido a su limitada capacidad de construir buques, no está siendo capaz de trasvasar a su fuerza naval de forma eficiente sus recursos presupuestarios de defensa. Aunque Australia dispone de una cierta capacidad de construcción naval, como se ha visto en las fragatas de la clase Hunter, construirlas por sí misma representa un coste de tiempo muy importante. En cambio, los buques Mogami están concebidos desde su propio diseño para frenar el coste de construcción, y aunque la nueva modalidad FFM supone un incremento del coste de adquisición, se espera que el coste total de vida útil pueda contenerse. Además, como su construcción requiere poco tiempo, los recursos invertidos se traducen rápidamente en poderío naval real.
Por otra parte, Australia sufre de una grave falta de personal. Los buques de la serie FFM pueden operarse con tripulaciones mucho menores que las que han requerido hasta ahora buques de parecido tamaño, por lo que para Australia, que tiene tantos problemas como Japón a la hora de cubrir las plazas de la Armada, esta elección le permite poner en funcionamiento un número suficiente de navíos con un personal limitado. A parecidos retos se enfrenta Nueva Zelanda, que también ha mostrado interés en la serie FFM.
Por supuesto, la serie FFM no es la solución perfecta para todos y cada uno de los aliados de Japón. Pero es una opción muy ventajosa para los países que desean reforzar su poderío naval cuantitativa y cualitativamente, sufriendo al mismo tiempo limitaciones en cuanto a capacidad de construcción y personal.
Además, ofreciendo esta solución, Japón refuerza su relación de defensa con sus socios y los fortalece, consiguiendo así elevar la capacidad disuasoria y la estabilidad de una amplia región geográfica.
Futuro de la cooperación con los aliados
En lo sucesivo, la importancia que reviste la coordinación con los países aliados para la política de defensa de Japón irá creciendo. Cada vez será más difícil pensar en la defensa de Japón al margen de esta coordinación. Y la serie FFM podría convertirse en el mejor medio para hacer realidad esa política.
La serie FFM, dentro de los buques de combate en superficie, es de escala pequeña y con capacidades limitadas. Su principal fortaleza es sostener los entrenamientos conjuntos y las actividades de presencia que la Fuerza Marítima de Autodefensa realiza con las fuerzas de los países aliados, al tiempo que permite reforzar la capacidad naval de los aliados de Japón mediante la venta de material bélico.
En este momento en el que la implicación de Estados Unidos en la región indopacífica es cada vez más incierta, la serie FFM puede tener un importante papel en la complementación de capacidades entre los aliados de la región y en la formación de una capacidad disuasoria conjunta.
En ese sentido, la serie FFM es algo más que una simple serie de buques escolta. Va más allá de su capacidad de combate como buque individual, vincula la capacidad defensiva de Japón con las capacidades de sus socios y se perfila como una plataforma estratégica sobre la que será posible establecer una verdadera fuerza disuasiva regional.
Imagen del encabezado: El vice primer ministro y ministro de Defensa de Australia Richard Marles (sentado, a la izquierda) y el ministro de Defensa de Japón Koizumi Shinjirō, mostrando el memorando de exportación de buques escolta de la clase Mogami en Melbourne (Australia) el 18 de abril de 2026. (Fotografía: AFP, Jiji Press)
(Traducido al español del original en japonés.)
